Los 7 aspectos del consumo inteligente
Ruben L. Jaimes marzo 15, 2018

La Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO) ha publicado los siete aspectos para el consumo inteligente. ¿Qué es ésto? En palabras de la propia PROFECO: “El consumo inteligente tiene más que ver con la conciencia que con nuestra capacidad intelectual, se construye con las decisiones – grandes o pequeñas- que tomamos al elegir un producto, un servicio, una idea o un valor”. Con el concepto entendido, vamos a lo que nos importa.

En primer lugar, el consumo consciente, es la práctica que nos recomienda, mejor dicho, nos impera, conocer nuestros derechos y obligaciones como consumidores. Es fundamental que no seamos máquinas de gastar, debemos familiarizarnos con conceptos como garantía, devoluciones, términos y condiciones. Comenzar a respetar estos tópicos, por parte del consumidor y del vendedor, es el primer paso para llevar una relación productor-consumidor sana y confiable.

¿Cuántas veces has pensado en comprar algo sólo porque es barato? o ¿Cuántas veces has gastado en algo que realmente no necesitas? El consumidor inteligente generalmente hace una evaluación basada en la relación calidad-precio. Comparar precios es un hábito común para muchos de nosotros a la hora de comprar. Comparar calidad también lo es, pero mucha gente no puede quedarse con esa espinita de ahorrarse unos cuantos pesos, aunque eso signifique menor calidad. Elegir un producto con un precio razonable y de buena calidad, que en lugar de un gasto innecesario, se considere como cumplir con una necesidad, es la clave del consumo informado.

La radio, la televisión, y últimamente, internet, se han consolidado (cada uno en su generación correspondiente), como el medio publicitario por excelencia, cada uno reemplazando a su antecesor. No sólo son medios publicitarios, también fueron considerados como los mayores medios de entretenimiento en su época, y aquí es donde cada uno explotó su potencial publicitario. Por medio del entretenimiento se crean modas, tendencias y aspiraciones que la gente tiende a adoptar para “formar parte del contexto que le rodea”, aunque dicho contexto sea plenamente imaginario, y la publicidad se encarga de poner a su alcance todo lo que necesita para pertenecer. El consumo crítico va en contra de esta idea, y esto no quiere decir que no podamos gastar de vez en cuando para darnos un “gusto”, siempre y cuando, ese gusto sea algo que realmente deseemos, algo que forme parte de nuestros gustos e intereses de toda la vida, y no algo que queremos consumir sólo porque “es lo de hoy”.

El consumo saludable no es un concepto metafórico cuyo significado va en relación a nuestro bolsillo. Literalmente, tiene que ver con nuestra salud. El propósito en este punto es consumir productos que de alguna manera nos beneficien, como carnes y verduras frescas; reducir el consumo de productos que afectan indirectamente, como alimentos procesados y dejar de consumir productos como alcohol y tabaco. Así como gastamos para satisfacer necesidades, y dejamos de gastar para ahorrar, ¿Por qué no hacerlo por nuestra salud?

Así como debemos responsabilizarnos en nuestra propia salud a la hora de consumir, también debemos preocuparnos por el ambiente que nos rodea. Día a día, nuestro planeta sufre las consecuencias de la producción desenfrenada cuyos residuos terminan contaminando el agua, el aire y la tierra de la que tanto necesitamos para vivir. Con el consumo sustentable, aportamos un granito de arena para combatir ésto; en primer lugar, dejando de consumir los artículos provenientes de grandes y nocivas producciones. En segundo lugar, habrá que consumir productos que permitan ahorrar energía y agua, que sean fáciles de separar entre orgánicos e inorgánicos. Y en el mejor de los casos, productos que nos permitan generar la menor cantidad de residuos posible.

Los productos de grandes empresas han invadido nuestras alacenas, almacenes y habitaciones desde hace ya unos años. No decimos que esté mal consumir estos productos, pues la mayoría son indispensables para realizar nuestras actividades diarias, pero no debemos olvidarnos de las pequeñas empresas, de los negocios locales o de los productos artesanales. Con consumo solidario, entendemos lo importante que es apoyar la economía de los negocios familiares y artesanales del país. Con estas prácticas, que parten de un flujo económico que prácticamente depende de los mismos participantes, formaremos una red de cooperación social y económica, cuyo flujo de capital, quedará, o por lo menos una buena parte de él, entre nosotros.

Formar parte de una sociedad requiere, que, casi como obligación, seamos miembros activos en la misma. Una sociedad de consumo no es la excepción. El consumo activo promueve la participación entre los consumidores, dando un peso importantísimo a la comunicación, pues el intercambiar experiencias de consumo, recomendaciones y/o advertencias, son algunas de las prácticas que desde hace mucho han sido realizadas por nosotros. Las redes sociales, en especial, las llamadas “cajas de comentarios” se han vuelto una herramienta fundamental para estas prácticas, ya que los usuarios suelen relatar sus experiencias como consumidores. Los comentarios de terceros pueden ser una referencia clave a la hora de decidir si vamos a consumir o no.

Estas son las siete claves del llamado “Consumo Inteligente”, al final, todos tenemos nuestros propios principios y tópicos personales de consumo, no hay reglas estipuladas que los consumidores debamos seguir, sólo recomendaciones que nos pueden ayudar a mantener una mejor vida económica.

Y tú ¿Cuántas has practicado?

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