El titiritero
Ruben L. Jaimes septiembre 27, 2018

El presente artículo, es una síntesis de un ensayo llamado “El juego del trabajo”, que escribí hace algún tiempo; donde comparo la cultura del trabajo en México con juegos y juguetes que todos conocemos.  – Ruben L. Jaimes

Resulta paradójico pensar en la idea de “poder” porque realmente ¿Quién lo tiene, el líder o el subordinado?  Claro que el líder es quien da la orden, pero el subordinado la ejecuta, en el recae el éxito de la operación. Es lógico pensar que el poder recae en el líder, porque él tiene la facultad de sancionar o incluso despedir al trabajador si no cumple la orden asignada, que va encaminada hacia la productividad, la cual, por cierto, es la verdadera otorgadora de poder en una empresa. Pero insisto, ¿Quién realmente tiene ese poder, el líder que diseña la acción productiva o el trabajador que ejecuta esa acción productiva? Teóricamente el subordinado “cumple” la orden, pero ¿Y si no la cumple como el líder lo requería? Entonces hablamos de una incongruencia entre los planes del líder y los resultados reales, lo cual puede finalizar en pérdidas de productividad.

Podemos entender la importancia que tiene la comunicación en la productividad y el poder que ésta otorga. No hay que entender el poder desde el punto de vista autoritario, sino como un combustible que permite el progreso de la organización. Desde éste punto de vista el “poder” resulta ambivalente, pues el líder ejerce control sobre los trabajadores, pero los trabajadores tienen el control de la productividad.

Pero hay un problema que recae en el líder, y es que, aunque el poder sea ambivalente, la autoridad la sigue teniendo él, esto lo puede llevar a una ambición más allá de lo profesional. En la naturaleza humana siempre están presentes los deseos “Todos nuestros deseos quedan devaluados al lograrlos o nos producen sensación de ser alcanzados.” Entonces cuando un líder decide mostrar una imagen de sí mismo, se dejará llevar por sus deseos y dejará de un lado su compromiso con la organización, Por ésta razón, no cualquiera puede ser un líder.

Un líder es como un titiritero, los trabajadores como títeres (esto en un buen sentido apelando a una metáfora), el show es la productividad y el poder es el público que aplaude. Un titiritero necesita mover de manera adecuada los títeres para ofrecer algo que sea de gusto para el público, mientras que, al mismo tiempo, debe cuidarlos y mantenerlos en buen estado para ofrecer espectáculos de creciente calidad. Un titiritero es nada sin sus títeres, lo mismo pasa con un líder y sus subordinados.

               

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