La verdad de los uniformes
Ruben L. Jaimes septiembre 18, 2018

Desde que somos niños, en la escuela primaria y secundaria se nos obliga a utilizar uniforme. La creencia popular, y, por tanto, más aceptada entre las personas sobre esta práctica, es que el uniforme es un símbolo de rectitud, disciplina o “formalidad”. Entre sí y no, con esta afirmación, pues aunque la mayoría de las personas lo tome como un hecho, no significa que sea una idea del todo correcta.

El uniforme escolar tiene un fin superficial, que es precisamente dotar a los alumnos de una vestimenta “acorde” a un lugar de estudios, y acorde va entre comillas, porque la idea en sí de una vestimenta que define la actividad o el lugar en que se encuentra una persona, no es más que una construcción social, pero su relevancia recae en la historia, pues desde hace cientos de años, la humanidad planteó la idea sobre la vestimenta. Existen grandes genios, fundadores millonarios que podemos ver tranquilamente en jeans y camiseta, y no dejan de ser quienes son por ello.

Ya hablamos del fin superficial del uniforme escolar. Ahora hablamos sobre el fin real. “Uniforme”; piensa, ¿por qué crees que se llama así? El uniforme es la manera de asegurar que todos los individuos son iguales, uniforme = “una forma”. Un alumno no es superior a otro. Si un estudiante goza de bienes económicos superiores a los de un compañero, esa “superioridad” económica se neutraliza al momento de utilizar el uniforme. Éste, es el verdadero fin del uniforme.

Si trasladamos el concepto de uniforme a un ambiente laboral, la idea en general cambia, pues en un trabajo que recurre a uniformes, no se tiene la idea de igualdad entre trabajadores, se hace en pos de crear una imagen a la empresa en que el trabajador presta sus actividades. Muchas empresas creen que el uso obligatorio de uniforme, hará que los trabajadores “se pongan la camiseta de la empresa”,  lo cual sólo se logra de manera literal, pues generalmente consigue el efecto contrario. Y aclaremos, que un código de vestimenta es algo totalmente diferente a un uniforme, pues el código de vestimenta aún da cierta libertad al trabajador de usar prendas de su gusto, siempre y cuando se apeguen a lo establecido. En cuanto al código de vestimenta, se entiende por qué se hace. En una empresa cuyos trabajadores realizan sus actividades con eficacia, un buen y verdadero líder sabría que el código de vestimenta no es realmente necesario, pero aquí es donde entra la opinión pública. Las personas suelen juzgar por las apariencias, y a veces poco importa si una empresa realiza un trabajo excepcional, la gente es capaz de irse con una opción incompetente sólo por estar “mejor vestidos”, es tonto, lo sé, pero infortunadamente así es, si hay algo en que la psicología, la sociología y la comunicación están de acuerdo, es que no hay opinión más estúpida que la opinión colectiva. En fin, es un paradigma que llevará tiempo cambiar, pero al final, la eficacia de una empresa o persona, hablará por sí sola.

Con esto entendemos la diferencia, mientras que el código de vestimenta es un burdo “requisito” para ser aceptado por la sociedad, el uniforme es una imposición, cuyo fin es provocar un sentido de pertenencia entre los trabajadores, y, principalmente, crear una imagen a la empresa. En un estudio de imagen que realicé hace algunos años, detecté algo que me dejó sorprendido. En una encuesta realizada a un grupo de trabajadores pertenecientes a una empresa con uniformes; la mayoría no sabía por qué usaba el uniforme, y lo que, creo, es más grave, no tenía ni idea del significado de los colores que portaba. Entonces el objetivo de crear pertenencia a la empresa, podemos asegurar, fue un fracaso total. Es cierto que en un artículo anterior hablé del sentido de pertenencia y su importancia, también hablé de cómo se puede lograr, y lo anterior mencionado, no cuadra (de ninguna manera) para este objetivo.

Actualmente, muchas empresas optan por dejar atrás los uniformes y mantienen un código de vestimenta menos rígido, pues comprenden lo que las nuevas generaciones, que poco a poco se introducen al mercado laboral, buscan. El ejemplo perfecto es Google, es de las empresas pioneras en crear ambientes de trabajo que escapan de la imagen de una empresa estricta, llena de oficinistas trajeados y rigor digno de una cárcel. Google es todo lo contrario, supo implementar el ambiente de trabajo en el que se da importancia al bienestar físico y emocional del trabajador, en otras palabras, Google supo adaptarse a las nuevas generaciones trabajadoras. ¿Y este modo de trabajo disminuye la productividad de la empresa? Sería común pensar que sí (sobre todo, como ya he dicho, si te basas en la opinión pública), pues ¿cómo es posible que una empresa sin rigor dictador sea productiva? Bueno, sí es posible, o si no, ¿quién me puede negar que Google es un todo titán empresarial? que, por cierto, no usa uniformes.

               

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